Tiberíades es un lugar relevante en la vida de Jesús y sus discípulos, es un lugar de encuentro...

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miércoles, 30 de abril de 2014

Creer, ¿para qué?

Dos textos de José Antonio Pagola que nos ayudarán a pensar nuestra fe y madurarla como opción. 

Creer, ¿para qué? 


A veces, cuando hablo de Dios con algunas personas que han abandonado toda práctica religiosa, me doy cuenta de que seguramente nunca han tenido la experiencia de encontrarse con él. Me hablan del aburrimiento de las misas, del miedo al infierno, de los pecados contra el sexto mandamiento, de sus confesiones «sacrílegas», de la semana santa... Apenas recuerdan hoy alguna experiencia positiva. 

No es fácil saber en cada caso por qué ha quedado en su interior un recuerdo tan negativo. Si a ti te sucede algo de esto, es normal que la fe no te resulte atractiva: ¿qué te puede aportar?, ¿qué puedes salir ganando con preocuparte de estas cosas?, ¿para qué sirve creer? Hoy quiero hablar contigo de esto. 

Tú sabes muy bien que los creyentes tenemos los mismos problemas y sufrimientos que todo el mundo. La fe no le dispensa a nadie de las preocupaciones y dificultades de cada día. Pero si un creyente cuida en el fondo de su corazón la confianza en Dios, descubre una luz, un estímulo y un horizonte nuevo para vivir. 

En primer lugar, el creyente puede acoger la vida cada mañana como un regalo de Dios. La vida no es una casualidad; tampoco es una lucha solitaria frente a las adversidades. Dios me regala un nuevo día. No estoy solo en la vida. Alguien cuida de mí. Viviré este día confiando en él. 

El creyente puede conocer también la alegría de saberse perdonado. En medio de sus errores y mediocridad puede experimentar la inmensa comprensión de Dios. Yo no soy mejor que los demás. Conozco mi pecado y mi fragilidad. Mi suerte es poder sentirme perdonado y renovado interiormente para comenzar siempre de nuevo una vida más humana. 

El creyente cuenta también con una luz nueva frente al mal. La fe no es una droga ni un tranquilizante frente a las desgracias. Yo no me veo liberado del sufrimiento, pero le puedo dar un sentido nuevo y diferente. Dios quiere verme feliz. Puedo vivir sin autodestruirme ni caer en la desesperación. 

¿Para qué creer? Para sentirme acogido por Dios cuando me veo solo e incomprendido; para sentirme consolado en el momento del dolor y la depresión; para verme fortalecido en mi impotencia y pequeñez; para sentirme invitado a vivir, a amar, a crear vida a pesar de mi fragilidad. 

¿Para qué creer? Para situar las cosas en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos que parecen pequeños e insignificantes con más hondura; para tener más fuerza para amar a las personas. 

¿Para qué creer? Para no ahogar en mí el deseo de vida hasta el infinito; para defender mi libertad y no terminar esclavo de cualquier ídolo; para vivir abierto a la verdad última de la vida; para no perder la esperanza en el ser humano. 

¿Para qué creer? Para no vivir a medias; para no contentarme con «ir tirando»; para no ser un «vividor»; para vivir de una manera digna y gratificante; para no estancarme en la vida; para ir aprendiendo desde el evangelio maneras nuevas y más humanas de trabajar y disfrutar, de sufrir y de vivir. 

Siempre me ha conmovido esa postura noble del gran científico ateo Jean Rostand. Cuentan que le gustaba repetir a sus amigos cristianos: «Vosotros tenéis la suerte de creer». Y, cuando planteaba la cuestión de la fe, solía afirmar: «De lo que yo estoy seguro es de que me gustaría que Dios existiera». Son palabras que hacen pensar. 

Son bastantes las personas que poco a poco han arrinconado a Dios en su vida. Ya no cuentan con él a la hora de orientar y dar sentido a su vivir diario. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Piensan que tener fe es creer una serie de cosas extrañas que nada tienen que ver con la vida. Si quieres reavivar tu fe tienes que abrirte a un Dios vivo, que te quiere ver lleno de vida. Un Dios que puede ser para ti el mejor estímulo y la mejor ayuda para vivir. 

Hoy se habla mucho de aquellos que se alejan de la fe, pero no se dice que hay personas que no solo no abandonan su fe, sino que se preocupan más que nunca de cuidarla y purificarla, porque sienten que Dios les ayuda a enfrentarse a la vida de una manera más humana. 

Tú estas cerca, 
estás cerca siempre, 
seamos conscientes o no, 
te aceptemos o te rechacemos, 
te lo digamos o no. 
Tú estás cerca. 

Patxi Loidi, sacerdote y poeta 


José Antonio Pagola. 
Creer, ¿para qué? Conversaciones con alejados. 
PPC.- págs. 21-23.- 




Creer desde la duda 

Probablemente, más de una vez surgen dudas dentro de ti. Bastantes personas hablan hoy de sus «dudas de fe»: ¿habrá infierno?, ¿cómo puede estar Cristo en la eucaristía?, ¿quién puede saber si Jesús ha resucitado? Por lo general, este tipo de dudas son, en realidad, «dificultades» que sientes para «entender» de manera razonable ciertos aspectos de la fe cristiana. Estas dudas no suelen tener, de ordinario, mucha repercusión en los creyentes. Como decía el cardenal H. Newman, «diez dificultades no hacen una duda». 

Pero tú puedes estar sintiendo en estos momentos una duda más profunda y global. No te preocupan las dudas sobre un punto u otro. Lo que tú experimentas es una duda más radical; «Por qué tengo que creer?», «por qué tengo que orientar mi vida siguiendo a alguien que vivió hace dos mil años?», «por qué tengo que aceptar lo que pone en los evangelios?», «,por qué mis ganas de vivir a gusto las tengo que ajustar a una moral que me parece desfasada?». 

No lo dices a nadie, pero experimentas dentro de ti una especie de división: «No puedo ni debo abandonar mi religión. No actuaría bien. Pero, si he de decir la verdad, cada vez me encuentro más lejano y extraño a todo eso». 

Entonces es fácil sentirte culpable de algo, aunque no sepas exactamente de qué: «¿Qué me ha pasado?, ¿qué he hecho yo para llegar a esta situación?». No es el momento de culpabilizarte. Estos años han pasado muchas cosas de las que tú no eres responsable. Ahora lo que tienes que hacer es vivir de manera positiva esas dudas que llevas dentro. 

Esta puede ser una buena ocasión para reaccionar. Ahora puedes empezar a liberarte de una religión excesivamente infantil que se te ha quedado pequeña. Es el momento de ponerte sinceramente ante Dios. El te comprende. Tienes que rezar, buscar, conocer mejor a Jesús. Es posible que por primera vez te des cuenta de que eres libre para creer o para dejarlo todo. Seguramente es más cómodo no plantearte nunca estas cosas y vivir tranquilo, como hacen casi todos. Pero es más digno enfrentarte a ti mismo y decidir qué quieres hacer con tu vida. 

Tarde o temprano te tendrás que aclarar. O bien pones a Jesús en el nivel de otros personajes de la historia, te olvidas de él y te organizas a tu aire, o te decides a conocerlo mejor y a experimentar personalmente qué luz y qué fuerza puedes encontrar en él para vivir de manera digna, responsable y esperanzada. 

Lo importante es la sinceridad de tu corazón. Probablemente no tenías más fe hace unos años solo porque vivías tranquilo y sin hacerte preguntas, ni tienes ahora menos fe porque estás lleno de dudas. La verdadera fe no está ni en la seguridad ni en los cuestionamientos, sino en la sinceridad con que confíes y busques a Dios. 

Te voy a decir algo que a veces se olvida, pero que es importante. Para creer no tienes que esperar a resolver todas tus dudas y responder a todas tus preguntas. Si te esfuerzas por actuar de manera honesta con Dios, no estás lejos de él. Mira, la calidad de tu fe no depende de la claridad de ideas que tengas en tu cabeza, sino de la sinceridad con que vivas tu relación con Dios. 

Blas Pascal fue un gran pensador francés del siglo XVII que analizó como pocos el proceso de la fe. Sabía mucho de dudas e incertidumbres. Decía que en todo esto de la fe lo importante es que el individuo permanezca abierto a Dios: «Esto le hará sencillo y le llevará a Dios». Piénsalo un poco. 

¿No oíste sus pasos silenciosos? 
Él viene, viene, viene siempre, 
en cada instante y en cada edad, 
todos los días y todas las noches. 
Él viene, viene, viene siempre, 
en los días fragantes del soleado abril, 
en la oscura angustia lluviosa de las noches de julio. 
El viene, viene, viene siempre.

Rabindranat Tagore, escritor indio (1861-1941) 

José Antonio Pagola. 
Creer, ¿para qué? Conversaciones con alejados. 
PPC.- págs. 79-81.-

lunes, 9 de abril de 2012

Feliz Pascua 2012


Esta fiesta da sentido a nuestra fe. Por eso es justo alegrarse y celebrar.


Comparto con vos "Christ in risen" de Matt Maher. ¡Qué lo disfrutes!



jueves, 15 de marzo de 2012

Escribir en la arena

En el libro "Cartas desde el desierto" de Guillermo Pareja Herrera, encontré esta historia.

Hubo dos amigos que vivieron en el desierto. Un día, iban caminando, y, en medio de la charla, surgió una discusión que terminó en golpes. El amigo que quedó ofendido y lastimado tomó una cañita y escribió en la arena: “Hoy, mi amigo me ha ofendido y golpeado”. Siguieron su camino. Cuando el sol se hallaba en el mediodía, encontraron una reserva de agua y se dieron un baño, pero, de pronto, el amigo ofendido comenzó a ahogarse. El amigo que lo había golpeado vino en su auxilio y lo salvó de morir. Pasado el susto, el amigo ofendido tomó una punta metálica y grabó en una piedra estas palabras: “Hoy, mi amigo me ha salvado la vida”. Sorprendido, el amigo ofensor preguntó: - ¿A qué se debe que hayas escrito esas palabras? Su amigo le respondió: - Las ofensas las escribo en la arena para que el viento las borre y se las lleve. Las bondades y los favores los grabo en piedra para nunca olvidarme de que los he recibido.

Somos afortunados amigos. Los vientos del desierto son nuestros aliados. Todo lo que nos duela, todo lo que nos ofenda o lastime escribámoslo en la arena. Tengamos una piedra en nuestro jardín para escribir, en ella, las muchas bondades que la vida nos concede, si nos detenemos y sabemos ver...


Hoy comentamos con un grupo de 4º año sobre lo difícil que es olvidar las ofensas y, también, sobre lo duro que es vivir con rencor.

Pensábamos que tantas veces escribimos en sobre piedra aquello que debemos olvidar y sobre la arena lo que deberíamos recordar. Así somos, duros y limitados... Pero la confianza en el testimonio y la palabra de Jesús nos puede ayudar a salir de la cerrazón.

Al que se le perdona mucho demuestra mucho amor. Sólo es posible perdonar cuando se tiene experiencia de perdón. Sólo es posible experimentar la reconciliación cuando descubrimos que el amor supera cualquier ofensa.

Si tenés ganas, canta esta canción...


viernes, 28 de octubre de 2011

Buscando una huella

"Buscando una huella" nos propone pensar en el camino que queremos transitar y la meta que ansiamos alcanzar, esto es, el sentido de la vida.

Para comenzar nuestro recorrido, te propongo ver la película "En busca del destino" (su título original es Good Will Hunting), interpretada por Matt Damon y Robin Williams.


Te propongo algunas preguntas que pensar la película:

  1. ¿Cómo es el estilo de vida de Will? ¿En qué usa su tiempo? ¿Qué lugares frecuenta?
  2. ¿Qué tipo de relación alcanza a desarrollar con los demás? (Sus amigos, Sean -el terapeuta-, Skylar -su novia-).
  3. ¿Por qué la película se tituló "En busca del destino"?
Seguimos la reflexión...




miércoles, 31 de agosto de 2011

Exploradores de la vida

De las muchas cosas que tenemos las personas, la vida es el don (regalo) más preciado. De esto, no hay duda. La cuestión es lo que hacemos con este regalo, cómo usamos este don...  Por eso es importante aprender a hacer revisión de vida.


¿Qué es la Revisión de vida? Es una mirada atenta de lo que somos, de lo que hacemos. Es aprender a volcarse sobre sí y mirar el interior: hechos, personas, situaciones... lo aprendido...


Día a día vamos edificando nuestras vidas. De acuerdo a lo que elegimos, podemos sentirnos conformes con la vida que llevamos, con las circunstancias que nos toca vivir... Otras veces, lo que acontece no nos resulta plenificante y buscamos darle un nuevo curso a nuestras vidas.


Equivocados o no, en ciertas ocasiones, manifestamos frente a los demás nuestro orgullo por lo que edificamos, o simplemente, por lo que somos. Así lo afirma la canción: “Porque soy yo, porque es mi vida”.


Cuando comenzamos a nacer
(escrita por Charly García e interpretada por Sui Generis en el dico "Vida" del año 1972).




¿Cómo plantear la revisión?


Para pensar...
  • ¿Qué cosas en tu vida te llenan de un sano orgullo?
  • Si tuvieras que pensar en el podio de la situaciones más importante de tu vida, ¿qué tres hechos mencionarías?
  • En este último tiempo, ¿qué cosas han inclinado la balanza de tu vida en forma positiva?
Aprender a mirar la vida, engalanarla desde el respeto, crecer día a día y descubrir que somos fruto del amor, que se nos ha encomendado una misión, que tenemos defectos, y también virtudes, que en nuestros corazones hay sitio para el amor y para la esperanza y, finalmente, que hay un Padre que ha querido regalarnos esta existencia para hacer plena, descubriendo su presencia en las cosas sencillas de la vida cotidiana.